martes, 29 de junio de 2010

Santos era la ultima Opcion de Uribe

Extraido de la silla Vacia


Con el pasado pastranista, Santos entró en reversa en la era uribe. Venía, además, de apoyar la candidatura liberal de Horacio Serpa. En su columna "Me da mucha pena" de El Tiempo, Santos la emprendió con toda contra la primera reelección del mandatario paisa y fue uno de sus críticos más duros. A la vez, defendió el Partido Liberal, que trató de presidir después de que Uribe nombró a Horacio Serpa Embajador ante la OEA. Así lo propuso en una reunión en la casa del senador Juan Fernando Cristo. Pero para ese entonces, los liberales ya estaban en conversaciones con César Gaviria para que se volviera presidente del Partido. “Después de esa reunión, salió a crear La U”, dijo a La Silla Vacía un político liberal, que estuvo en esa reunión.


Uribe no quería a Santos. No solo representaba la oligarquía bogotana y el oportunismo político que tanto desprecia el actual Presidente, sino que además habían tenido un enfrentamiento personal. Cuando Santos, como Ministro de Pastrana, creó las famosas partidas regionales para desarrollar obras regionales promovidas por senadores y representantes, el ex senador Álvaro Uribe lo demandó. El ciudadano Uribe alegaba que Santos quería resucitar los auxilios parlamentarios enterrados por la Constitución de 1991. Santos se defendió diciendo que los recursos se manejaban por encima de la mesa, con lo cual la inversión regional era transparente. Hasta que la Corte Constitucional los hundió, esta idea lubricó el paso de importantes proyectos económicos por el Congreso y le aseguró cierta gobernabilidad a Pastrana.
Pero en el 2005, Uribe abrió un espacio y Santos lo aprovechó. Cuando el Partido Liberal, liderado por Piedad Córdoba, expulsó a 19 congresistas por votar la primera reelección, Santos salió a proponer una disidencia uribista. Los primeros que se le unieron fueron la ex representante Zulema Jattin, hoy presa por parapolítica, y el desaparecido senador Luis Guillermo Vélez. Después llegaron los militantes del Nuevo Partido, fundado por Óscar Iván Zuluaga y Adriana Gutiérrez. Y rebautizaron esta personería como el Partido de Unidad Nacional y se arriesgaron a lanzar candidatos a Senado y Cámara. Muchos congresistas no daban un peso por el liderazgo de Santos, comenzando porque nunca se había hecho contar en las urnas, pero el político bogotano se los terminó ganando con una exitosa estrategia que mezcló candidatos de opinión como Marta Lucía Ramírez y Gina Parody, con caciques tradicionales y una docena de parapolíticos, hoy presos la mayoría.

Posicionado como el líder indiscutible del partido del Presidente, Santos pidió el Ministerio de Defensa, un cargo con el que había soñado desde hacía mucho tiempo y en el que mejor podía lucirse en el gobierno de la Seguridad Democrática.

¿El clon de Uribe?

Juan Manuel Santos se convirtió en el sucesor de Uribe porque Uribe se fue quedando sin alternativas. Primero, porque soñaba con ser él mismo presidente por tercera vez y por lo tanto no se preocupó por escoger a la persona que continuara sus políticas y más bien se dedicó a debilitarlos como hizo con Germán Vargas Lleras. Cuando ya se cayó el referendo y trató de reencauchar a 'Uribito' era demasiado tarde. El escándalo de Agro Ingreso Seguro había golpeado su imagen en la opinión pública y de alguna manera Uribe había contribuido a ello cuando lo salió a regañar públicamente por haberle dado subsidios a familias ricas.

Rodrigo Rivera no tenía viabilidad política. Noemí Sanín, a quién el presidente incentivó a renunciar y convertirse en la continuadora de su obra, le falló cuando decidió lanzar su candidatura antes de que la Corte decidiera si él tenía todavía la puerta abierta. Santos, en cambio, con la disciplina que lo caracteriza, aguantó. Y el mismo día que se hundió el referendo, lanzó su candidatura.

Santos representa en el imaginario colectivo lo mejor de la Seguridad Democrática de Uribe y por lo tanto, Santos ha basado su campaña en vender la idea de que él es igual a Uribe.

Pero Santos es diferente al Presidente en casi todo. En lo bueno y en lo malo. Uribe goza yendo a los pueblos, saludando a la gente, oyendo y solucionando sus problemas. Santos, por más que use el poncho uribista y el sombrero voltiado, es un elitista que se siente más cómodo en el Country Club, donde pasó su infancia -como lo reconoció hace poco en un evento de financiación con socios- que en un consejo comunal.

Si Uribe es una persona ideológica, con convicciones de derecha, inamovibles, Santos es un pragmático de centro, un liberal clásico, aunque no necesariamente progresista. Uribe es un provinciano, apegado al terruño. Santos es un cosmopolita, que se mueve en los círculos internacionales de Estados Unidos, Gran Bretaña o Israel, con la misma facilidad con que Uribe se mueve por Montería, Rionegro o Tumaco. Su Fundación Buen Gobierno, creada por él en los 90 como un centro de pensamiento sobre buenas prácticas de gobierno, le ha servido de plataforma para relacionarse directamente con líderes de todo el mundo. Y aunque Santos conoce y domina la minucia política como Uribe es mucho más tecnócrata que él.

Porque si algo quiere Juan Manuel Santos es pasar a la historia. La gente que lo conoce dice que Santos es un lector ávido de biografías de personajes de la historia. Churchill es su favorito y con quien él más se identifica. No solo porque fue el primero en denunciar el peligro que representaba Hitler para Europa (en el caso de Santos, sería Hugo Chávez, el presidente venezolano, con quien Santos tiene una enemistad a muerte desde que apoyó a Carmona, el golpista venezolano). Santos sueña con entrar a ese pabellón de grandes hombres y mujeres que cambiaron la historia. Por lo menos la colombiana.

Por eso, a quienes lo conocen bien no les sorprendió el nombramiento de Angelino Garzón como fórmula vicepresidencial. Creen que con ello, Santos tomó una decisión más de gobierno que de campaña con la que buscaba abrir una puerta grande hacia Estados Unidos, enviando el mensaje de que un gobierno suyo sería incluyente, respetuoso de los derechos humanos y sindicales; y una ventana pequeña hacia las Farc, con quien Santos sueña poder firmar la paz.

La gente que lo conoce no duda de que dada su ambición y su preparación, Santos trataría de ser un gran Presidente. "No puede no serlo, él sabe manejar mejor que nadie la economía, el Congreso y el Ejército", dice uno de ellos. Su talón de Aquiles, dicen, es que Santos es como una máquina, que va cumpliendo paso a paso el plan que se trazó hace décadas. Aunque es un papá amoroso, en la vida pública, las emociones juegan un papel mínimo en sus decisiones, casi siempre motivadas por el logro de sus objetivos, y sin una consideración especial por los medios para lograrlos. Y el fin era ser Presidente. Ahora lo logro, los colombianos de van a pie le dieron el puesto.

2 comentarios:

Mauro dijo...

MMM no se que quieres dar a entender con el articulo, desprestigiar la tan comentada y criticada seguridad democratica con su nuevo titere o, hacerlo ver como el mesias mecanizado que puede lograrlo todo. Tu me dices....

Frodo Bolson dijo...

Hace meses cuando cayo el referendo dije bueno almenos no va uribe pero que si queda alguien sea santos por que es traicionero
En el articulo dice como se ha vuelto voltiarepas y jamas, jamas se gano nada por eleccion popular
y como se vendió el imagen que era la susecion de Uribe cuando en realidad han tenido tanto encontrones por años Por eso los caricaturistas y hasta periodistas ya no dicen Uribismo sino Santismo
Por lo que siempre ha sido usurpador.